martes, 5 de marzo de 2013

La preparación para el servicio misional

Hace unos 3 años atrás aproximadamente, estuve preparándome para servir una misión de tiempo completo, en ese entonces mi Obispo, me pidió que discursará sobre la misión y que yo le diera el sentido a tratar, pensé y oré mucho tratando de saber de que debía hablar, luego se vino a mi mente la importancia que tiene el prepararnos correctamente para ir a una misión y así tener éxito en el campo misional. Hoy quisiera compartirlo con ustedes.
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Recuerdo unos compañeros de clase que tomaron su tiempo para exponer sobre un tema asignado por la profesora, ellos pegaron un papelógrafo con alguna información en el pizarrón, mientras que cada uno sostenía tarjetas con apuntes, su apariencia no era muy pulcra pero dieron inicio a la presentación, el primero en exponer tomo fuerte el pedazo de cartón y lo llevo cerca de sus ojos para comenzar, leyó todo lo que ahí decía, pero hubieron veces en que su voz se perdía en el papel o él se confundía al leer, al culminar llego el turno del segundo integrante, así como del tercero y cuarto, todos con la misma metodología hasta que por fin terminaron, al mirar alrededor era fácil distinguir a los demás compañeros presentes hablando de otros temas, otros forzándose para no cerrar sus ojos y otros que simplemente dormían, la calificación de aquella presentación fue baja y estoy segura de que ninguno de los presentes e incluso yo, recuerda de que trató aquella exposición, el por qué resulta muy sencillo, estos jóvenes no dedicaron tiempo para estudiar y comprender aquello que enseñarían, simplemente hicieron lo más fácil de hacer, imprimir lo primero que encontraron y quizás leer por primera vez ese papel en la misma exposición. Luego de leer el tema asignado para mi discurso y de estudiar sobre éste, no pude evitar pensar en ese suceso que quizás muchos de nosotros hemos sido espectadores o causantes.
Hace aproximadamente un año atrás me dirigí donde mi obispo para comunicarle que quería servir una misión de tiempo completo, el me miró y escucho detenidamente, luego dijo que concertaría una entrevista con mis padres, el tiempo pasó y nunca se efectuó tal entrevista, sucedieron muchas cosas luego de eso hasta que me di cuenta de que había dejado de hacer lo importante, comencé nuevamente a realizarlas hasta volver a sentir al espíritu testificar en mi interior, volví donde mi obispo con un sentimiento diferente y le comenté que quería ser una misionera de tiempo completo, le expresé mis sentimientos, que ahora era diferente a la vez pasada, que realmente sentía que así lo quería el Padre Celestial, entonces dijo que ahora era el momento, concertó la entrevista con mis padres y abrí mi carpeta misional.
Se preguntarán porque les cuento todo esto… es simple, se me ha pedido hablar sobre el servicio misional, pero quisiera enfocarme en la parte previa a esto, la parte en la cual estoy, la preparación misional. En la conferencia de noviembre del 2002, el Élder M. Russell Ballard habló a los jóvenes sobre la nueva generación de misioneros, el dijo: “…Lo que actualmente necesitamos es la generación más grandiosa de misioneros dignos, capacitados y vigorosos espiritualmente… No necesitamos jóvenes espiritualmente débiles y que estén comprometidos solo a medias; no necesitamos que simplemente llenen un puesto, sino que necesitamos todo su corazón y toda su alma, Necesitamos misioneros vibrantes, inteligentes y fervientes que sepan escuchar y responder a los susurros del Santo Espíritu. Éste no es el momento para los alfeñiques espirituales; no podemos enviarles a una misión para que se reactiven, se reformen o para que obtengan un testimonio, simplemente no tenemos tiempo para eso. Queremos que estén llenos de fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios… esperamos misioneros que estén a la altura de nuestro glorioso mensaje…”
Para cumplir con este requisito me gustaría dar algunas pautas, para prepararnos de la mejor forma para comunicar las buenas nuevas que enseñaron los profetas en las escrituras, para que el mensaje quede en la mente y en el corazón de nuestros receptores y así no suceda lo acontecido en esa sala de clases que nadie recordó. Ésta preparación se basa en los siguientes puntos:
· Actitud
· Conocimiento
· Economía
· Salud
· Emociones
Para referirme al primer punto tomaré como ejemplo el relato de los hijos de Mosíah en el libro de Alma, en el capítulo 17 menciona que ellos “…eran hombres de sano entendimiento y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la palabra de Dios. Mas esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración y ayuno…” Desde pequeños se nos enseña las cosas que debemos hacer y cómo debemos actuar al ser miembro de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, en la primaria puedo escuchar a los niños repitiéndolo una y otra vez como si fuera un coro, las mismas enseñanzas de tiempos pasados, estos hijos de Mosíah conocían lo que debían hacer y sabían que para obtener la palabra o mejor dicho el conocimiento, era necesario cumplir con esos requisitos, ellos actuaron y como dice la escritura, fueron diligentes porque su actitud cambió, ya no había más deseo de obrar mal, se arrepintieron de sus pecados y cambiaron sus vidas, solo así serian capaces de predicar el evangelio a sus hermanos los Lamanitas.
El segundo punto trata de obtener conocimiento secular como espiritual, el conocimiento es una de las armas más potentes si van ligadas a las impresiones del Espíritu Santo, Si un misionero no conoce el evangelio y no comprende la doctrina básica, la enseñanza no tendrá efecto. En el folleto para la fortaleza de la juventud se nos insta a que mejoremos nuestra mente, aptitudes y facultades; escuchar, ver y leer lo mejor de lo mejor, tener un buen vocabulario, porque”… si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos.” Es antes de la misión donde un joven debe familiarizarse con “Predicad mi evangelio”, para así comprender las doctrinas de la restauración y así enseñar con eficacia y eficiencia el evangelio de Jesucristo.
En tercer lugar aquellos que nos preparamos para servir una misión debemos trabajar, esto incluye que debemos pagar un diezmo integro y juntar dinero para costear la misión, se nos pide nuestro mayor esfuerzo, no hay limitaciones en este punto, si hay alguien que es capaz de costear todo o si hay otro que quizás solo alcance a juntar una mínima suma, si ha hecho su mayor esfuerzo entonces será como aquella mujer que diezmo todo lo que tenia, porque el señor no mirará la cantidad, sino que la calidad. El ahorro antes de la misión nos prepara para asignar prioridades en cuanto al gasto de nuestro dinero para que cuando recibamos nuestra asignación mensual seamos capaces de cubrir cada uno de los gastos.
El cuarto punto es la salud, es necesario mantener una vida activa y saludable antes de la misión para cumplir con las exigencias físicas que esta obra conlleva, cada misionero camina a diario kilómetros y kilómetros de distancia, en el programa misional se señala media hora de ejercicio diario, ya que el tonificar el cuerpo aumenta la capacidad mental. En Alma 53 se describe como eran aquellos 2000 jóvenes Lamanitas “Y todos ellos eran jóvenes y sumamente valientes en cuanto a intrepidez y también en cuanto a vigor y actividad…” al guardar la palabra de sabiduría, también podremos ser como aquellos jóvenes y obtendremos la bendición de esa vida saludable, una mente alerta y la guía del espíritu Santo.
En quinto lugar y final se encuentra la parte emocional, cada joven que se prepara para servir una misión debe ser autosuficiente, depender de sí mismos, y no de sus padres, son dos años para los jóvenes y un año y medio para las jovencitas lejos del hogar, en una cultura diferente, otro idioma, compañeros que irán cambiando con el transcurso de los meses, días en que nadie quiera escuchar el mensaje que tienen preparado, muchos cerraran sus puertas en la cara, en ese tiempo de servicio es cuando Satanás ataca y trata de impedir que la obra siga creciendo mediantes aflicciones, quizás similar como lo que pasaron Ammón y sus hermanos “…hemos sido objeto de burlas, y han escupido sobre nosotros y golpeado nuestra mejillas, y hemos sido apedreados y aprehendidos y atados con fuertes cuerdas y puestos en la prisión…” no puedo imaginar el sufrimiento que esos hombres pasaron, si lloraron o se sintieron desanimados, pero si sé que estaban emocionalmente firmes y confiaban en aquel Dios que los libro y fortaleció en esos momentos y que también nos fortalecerá a quienes le busquen y le sirvan en estos tiempos.
Se espera que nos preparemos para ser la generación más grandiosa de misioneros, es hoy el momento de prepararnos, de decidir a quién vamos a servir, cual es el camino que vamos a seguir, si la luz o la oscuridad, no hay tiempo que perder, tenemos las herramientas y la preparación desde nuestra niñez, el apoyo de los programas de la iglesia, todo a nuestro alcance. Seamos buenos amigos, instemos a los jóvenes a cumplir con este mandamiento, jovencitas, somos nosotras quienes ponemos las condiciones, que clase de esposo es el que queremos en un futuro, un hombre que no es capaz de ser fiel a Dios no esperen que sea fieles a ustedes, ayúdenles a cumplir y a permanecer firmes en el evangelio de Cristo, sé que muchos de los padres son como aquellos que enseñaron a esos jóvenes que salieron a la guerra y que “…eran hombres verídicos y serios porque se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él”, no nos conformemos con poco como aquellos jóvenes que no se prepararon y recibieron una mala calificación, no demos lo mejor que podamos, demos el máximo de lo mejor que podamos, es ahora cuando puedo comprender porque mi obispo no concertó la entrevista en la primera ocasión.
Si nos preparamos antes de servir una misión, cuando nos encontremos en la obra, entonces seremos como los hijos de Mosíah que “… tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban lo hacían con poder y autoridad… y lograremos éxito en traer a muchos al conocimiento de la verdad… y seremos un instrumento en las manos de Dios…”

2 comentarios:

  1. la verdad no te conozco, pero gracias por compartir estas palabras tan especiales, estoy apunto de partir a la misión,muchas gracias por lo que compartes, nos motivas, nos ayudas a comprometernos más..!!
    gracias

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  2. Me alegra compartir mis experiencias y conocimientos, a su vez ayudar a fortalecer a otros SUD. Felicitaciones por el gran paso, ve, cumple, enseña y Retorna con Honor!

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