domingo, 21 de abril de 2013

La ley de Sacrificio y Consagración


Hoy en la clase de la Escuela Dominical se habló sobre la ley de Consagración y recordé un discurso que tenía guardado hace un tiempo, así que lo dejo para compartir con ustedes.

Consagrarnos al servicio del evangelio mediante el Sacrificio personal

Durante la semana pude ver uno de mis programas favoritos en la televisión, mostraba la historia de una madre soltera que paso por muchas tribulaciones siendo, desde la drogadicción que generó la despreocupación por sus hijos, hasta casi perderlos por mandato de un juez, cuando estaba a punto de perder todo, logro comprender el daño que ella misma se estaba ocasionando y no solo a ella sino que a toda su familia, Con el transcurso del tiempo tomo la decisión de cambiar su vida y darla al servicio de la comunidad e inclusive de compartir su experiencia de vida con aquellos que estaban siguiendo el mismo camino que en un comienzo tanto le había quitado. Esta mujer siendo de escasos recursos logro salir adelante con perseverancia para poder ayudar a su familia, he inclusive creó una organización para ayudar a los desamparados aun cuando su casa había sido partícipe de un gran incendio, ella aun así seguía ayudando con lo poco que le quedaba.

Desde la creación del mundo el sacrificio ha sido parte fundamental del evangelio, como recordatorio de lo que habría de venir en cuanto a la expiación de Jesucristo, hoy si bien debemos seguir recordando lo que Él hizo por nosotros por medio de la Santa Cena, el Señor nos  pide otro tipo de sacrificio:
“Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo Bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo…” (3 Nefi 9:20)
Luego de ser bautizados muchos de nosotros hemos cumplido con este mandato refiriéndose a la disposición de arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y de no volver a hacerlo porque deseamos seguirle, pero somos hombres naturales en una tierra terrenal llena de tentación, entonces el tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito significa ser humilde y receptivo a la voluntad de Dios y al consejo de los que Él ha llamado para dirigir Su Iglesia, tanto profetas, apóstoles o nuestros líderes locales
Muchos de nosotros hemos entrado al templo y concertamos un convenio celestial con el Señor, porque sabemos que estaremos eternamente en deuda por lo que Él hizo por nosotros, estamos bajo convenio de vivir estas leyes y para tener una recompensa celestial debemos obedecer estas dos leyes, la Ley de Sacrificio y Consagración. Entonces si volvemos al punto del sacrificio, comprendemos que es esencia de nuestra religión y que está completamente ligada con la Consagración. Una no puede vivir sin la otra.

La ley de consagración nos guía para que consagremos nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestro dinero y propiedades, a la causa de la Iglesia; todo ello debe estar disponible hasta donde sea necesario para aumentar los intereses del Señor en la tierra.

Cuando se construyó el templo de Santiago de Chile, los miembros tuvieron que aportar económicamente y también con tiempo de trabajo para la construcción de la Casa de Señor, este fue un fiel reflejo de llevar a cabo el mandato que nos hace el Padre a cada uno de nosotros.


(Fotos de registro de mi Papá)

La ley de sacrificio nos encausa hasta estar dispuestos a sacrificar todo lo que tenemos a favor de la verdad; todo; aun nuestra vida misma si fuere necesario.

Les contaré una historia que aconteció hace muchos años cuando Jesucristo estaba en la tierra predicando el evangelio.

“Y he aquí uno, acercándose, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, a saber, Dios; y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás; no acometerás adulterio; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Le dijo Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Y al oír el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” (Mateo 19: 16-22)



Un joven que estuvo a punto de ser parte del apostolado, de vivir las experiencias más grandes de su vida, de compartir diariamente con el hijo de Dios y de tener grandes visiones y revelaciones. Todo esto descartado por el simple hecho de no querer dejar sus posesiones.

¿Y nosotros que somos capaces de dar para mantener la obra del Señor?

El profeta José Smith dijo “Una religión que no requiere el sacrificio de todas las cosas, nunca tiene el poder suficiente con el cual producir la fe necesaria para llevarnos a vida y salvación”

La enseñanza de este convenio se debe implantar en los corazones de los miembros desde pequeños. Aun recuerdo las enseñanza de mis padres cuando luego de mucho tiempo sin tener televisor, llego la esperada pantalla a color de 14 pulgadas, mis padres nos juntaron a todos y nos expusieron las reglas de uso y nos comunicaron la decisión que habían tomado al comprar el televisor, y era que lo consagrarían a la obra del Señor, en ese entonces no todas las capilla poseían uno para el barrio, así que en caso de que se necesitará para dar un video, ellos lo llevarían. Pasaron los días y como niños teníamos nuestros dibujos animados preferidos, disfrutábamos con la programación a ciertas horas en que nos dejaban disfrutar de la televisión y cuando estábamos en la mejor parte, mi papá que era obispo en ese entonces  pasaba a buscar el televisor para una actividad de la capilla, como niños recuerdo que nos disgustábamos y que no queríamos que se lo llevarán, pero mis padres nos recordaban a mí y a mis hermanos del convenio que habían concertado con Dios.
Con el tiempo esas experiencias han formado mi carácter y comprensión sobre puntos claves del evangelio.

Repito nuevamente ¿Y nosotros que somos capaces de dar para mantener la obra del Señor? Hoy en día no tenemos que hacer grandes sacrificios como los pioneros quienes dieron de sus bienes o no vemos mártires como los profetas y santos de la antigüedad, hoy se nos pide de que demos de nuestro tiempo lo que se ha tornado más valioso que incluso el mismo dinero, porque el tiempo no hay forma de recuperar, así como esta mujer que logro salir adelante y consagro su vida en pos de la comunidad en la cual vivía que no tenía mucho con que dar, pero si tenía un corazón dispuesto a dar, ese sentimiento es el que nos motiva a ser  capaces de ayudar a nuestros amigos, vecinos y toda persona que necesite de una mano.




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