viernes, 5 de julio de 2013

Testificar


A unos pocos días de ser primer domingo del mes quisiera hablar sobre la forma correcta de testificar, durante mi vida de miembro he ido comprendiendo la forma de hacerlo, esto no solo logra la presición del mensaje sino también el tiempo necesario para lograr que otros puedan compartirlo. En el 2002 una carta de La Primera Presidencia demuestra su interés sobre el tema: “Nos preocupa que haya miembros que desean compartir su testimonio durante una reunión de ayuno y testimonios y no tengan la oportunidad de hacerlo. Se insta a los obispados a ayudar a todas las personas a aprender cómo expresar un testimonio breve y sincero del Salvador, de Sus enseñanzas y de la Restauración, para que haya más miembros que tengan la oportunidad de participar”
 
 (Dibujo hecho por mi hace unos 5 años)

Cuando es el momento de dar mi testimonio me ayuda pensar que en la congregación se encuentra un investigador que por primera vez asiste y que en ese instante no necesita comprender todas los temas relacionados al evangelio, eso lleva tiempo y dedicación, pero lo que si necesita es la confirmación de espíritu a espíritu sobre lo que se esta testificando, eso impacta en la vida de las personas incluso en la de los miembros que llevamos años. El testimonio es una de las mejores herramientas al momento de compartir el evangelio, es una confirmación sobre un tema en particular y en el evangelio su fundamento es el conocimiento de que nuestro Padre Celestial vive y nos ama; que Jesucristo vive, que es el Hijo de Dios y que llevó a cabo la Expiación infinita; que José Smith es el profeta de Dios que fue llamado a restaurar el Evangelio; que somos guiados por un profeta en la actualidad; y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia verdadera del Salvador sobre la tierra.
El presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió la siguiente observación: “En el campo misional tuve una experiencia que me sirvió para aprender mucho en cuanto al testimonio. A pesar de que todo parecía estar bajo control, no progresábamos como debíamos. No se trataba precisamente de algo que estábamos haciendo cuando en realidad no debíamos hacerlo, sino de algo que debíamos hacer y que no estábamos haciendo.
“Llevamos a cabo una serie de conferencias de zona para incrementar la espiritualidad en la misión. En vez de programar instrucciones sobre la mecánica de la obra misional, decidimos efectuar reuniones de testimonios. En la última conferencia, en el testimonio de uno de los humildes élderes, encontré la solución al problema. Hubo algo diferente en cuanto a la declaración de aquel atemorizado y nuevecito misionero. No estuvo de pie por más de un minuto, pero pese a ello, por medio de su expresión comprendí qué era lo que faltaba.
“Los testimonios que escuchamos de todos los demás misioneros se ajustaron, más o menos, a las siguientes palabras: ‘Estoy agradecido por estar en el campo misional. He aprendido muchas cosas. Tengo un buen compañero. He aprendido mucho de él. Estoy agradecido por mis padres. Mi compañero y yo tuvimos una experiencia interesante la semana pasada. Estábamos folleteando y...’ Entonces el misionero relataba la experiencia y después decía algo más o menos así: ‘Estoy agradecido por estar en el campo misional. Tengo un testimonio del Evangelio’, y terminaba diciendo ‘en el nombre de Jesucristo. Amén’.
“Pero el testimonio del misionero que mencioné fue diferente. Sin el más mínimo interés de tomar mucho tiempo dijo simple y rápidamente con voz temblorosa: ‘Sé que Dios vive. Sé que Jesús es el Cristo. Sé que tenemos un profeta de Dios guiando esta Iglesia. En el nombre de Jesucristo. Amén’. “Ése fue un testimonio. No fue simplemente una experiencia ni una manifestación de agradecimiento, sino que se trató de una declaración y de una testificación.
“La mayoría de los misioneros habían dicho que tenían un testimonio pero no lo habían declarado. Este otro joven élder lo había declarado en pocas palabras, en forma directa y elemental, pero al mismo tiempo poderosa.
“Fue entonces que comprendí lo que estaba funcionando mal en la misión. Nos estábamos limitando a relatar experiencias, a expresar agradecimiento, a reconocer que teníamos un testimonio, mas no estábamos testificando”
¿Cómo logramos compartir el testimonio con verdadera intención como el del jóven misionero? Al pensar en esta pregunta no pude evitar relacionar la importacia del primer domingo del mes "Ayuno y Testimonio" es que el propio título da la clave para un testimonio con poder y autoridad eso no quiere decir que no necesite un trabajo anterior, para compartirlo es primordial obtenerlo mediante el estudio y la oración y luego de obtenerlo nutrirlo hasta el fin.
Aun recuerdo cuando estaba en las mujeres jóvenes y comence a preguntarme el porque asistía a la iglesia, no quería ir solo por qué mis padres iban, sino porque yo lo había decidido y a pesar de haber nacido dentro del convenio era necesaria mi propia conversion. Fue cuando esta simple frase surtio efecto en mi vida "La búsqueda de un testimonio comienza con un deseo justo y sincero". Ese deseo comenzo a dar fruto, comence a estudiar las escrituras, oraba con fervor cada noche para que las impresiones del espíritu tocara mi espíritu, algunas noches lograba sentirlo a medida que la lectura avanzaba, me volví mas diligente en guardar los mandamientos y cumplir, ayunaba para poder tener respuesta a mis oraciones y fui ahí, un domingo de ayuno y testimonio que logre testificar sobre el evangelio con verdadera intención porque ya lo sabía y hasta el día de hoy lo sé.
“Si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer de tal modo que deis cabida a una porción de mis palabras” (Alma 32:27).
Al comprender estos fundamentos el domingo de ayuno y testimonio será un día de mutua fortaleza espiritual, esperemos con ancias este domingo y compartamos un breve testimonio sobre Cristo. Yo creo en él, que el vive es mi Salvador y Redentor que esta a la cabeza de esta iglesia, se que el Profeta Thomas S. Monson recibe instrucción directa de los Cielos, no hay duda en mi corazón. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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