viernes, 25 de octubre de 2013

Una prueba de Fe

En mi gran familia se encuentra mi abuela,  lleva más de 80 años de vida, fuerte e inmutable al igual que un Roble, ella permanece en el evangelio que heredo a toda su progenie a pesar de las dificultades que ha pasado a lo largo de sus años. Hace un tiempo cuando las cosas no marchaban bien y yo me preguntaba porque siempre debíamos pasar por cosas tan duras me enseñó una gran lección. Ella dijo "si miramos a nuestro alrededor todos están pasando por un mal momento en sus vidas, hay quienes lo pasan peor que nosotros he incluso no tienen el evangelio en sus vidas".

Cuando me enteré que estaba embarazada fui tan feliz junto a mi amado esposo, podríamos tener más integrantes en nuestra familia y compartir esa enorme cuota de amor que abunda en nuestro entorno, los días pasaron y me enteré que mi embarazo estaba con problemas y que posiblemente perdería al bebé, con Felipe comenzamos a orar para poder entender la voluntad del Padre Celestial en cuanto a la venida de nuestro pequeño o pequeña, continué con los exámenes hasta que definitivamente el Doctor nos dio la noticia que quizás esperábamos pero que con un poco de esperanza nuestro deseo era que no fuera cierto, "nuestro bebé había muerto y tan solo queda esperar a que mi cuerpo lo expulse". Fue una noticia muy amarga, preguntas como ¿Por qué a nosotros si anhelamos ser padres? ¿Algo anda mal con mi cuerpo? ¿No fui capaz de cuidarme lo suficiente?, fue inevitable que las lágrimas rodearan mis mejillas, pero cuando recordé que había puesto mi confianza en el Padre Celestial comprendí que simplemente no era el momento y que debía prepararme mejor, para cuando nuevamente ese espíritu necesite venir a la tierra a ser parte de nuestra vida familiar. 

Al recordar las palabras que mi abuela me dijo en esa ocasión, he podido observar el entorno y las dificultades que en el mundo se presentan y puedo decir que la vida no es fácil de sobrellevar, pero que cuando miramos a nuestro alrededor y olvidamos nuestro pesar y damos la mano a nuestro prójimo, todo es mucho más llevadero, porque no seremos los primeros ni los últimos que pasaremos por dificultades, ésta es la esencia de vivir aquí en la tierra, experimentar esos pesares para poder recibir y dar consuelo a quienes más lo necesiten, es lo que Jesucristo hizo al tomar un cuerpo físico y vivir en medio de la humanidad, siendo un hombre perfecto, expió por nuestros pecados para llegar a ser... nuestro GRAN CONSOLADOR.